La economía de la provincia de Santa Fe no logra levantar cabeza y consolida un escenario de recesión profunda. A pesar de los intentos del gobierno de Maximiliano Pullaro por exhibir una meseta en los indicadores, la realidad de los datos expone una crisis estructural que golpea de lleno al bolsillo de los santafesinos, al comercio y a la generación de empleo.
Si bien en la comparación mensual respecto de marzo cinco de los ocho componentes registraron leves mejoras —el consumo de cemento subió un 2,4%, las remuneraciones reales un 2%, los recursos tributarios un 0,5%, las ventas en supermercados un 0,2% y la producción industrial un 0,1%—, el propio estudio aclara que estos avances son marginales y totalmente insuficientes para recuperar los niveles previos a la crisis.
La recesión se siente con fuerza en las variables que miden el termómetro del consumo y de la inversión. En la medición interanual, la parálisis de la construcción quedó evidenciada en un derrumbe del 11,3% en el consumo de cemento, lo que refleja el freno generalizado en las obras del territorio provincial.
Asimismo, las ventas en supermercados cayeron un 3,4%, un indicador directo de la pérdida del poder adquisitivo de las familias frente a la inflación y la falta de políticas locales de contención.
Esta contracción del mercado interno también se tradujo en una baja del 9,4% en el patentamiento de automotores y en una caída del 0,5% en los recursos tributarios, lo que estrecha de manera alarmante el margen de maniobra fiscal del Estado santafesino.

